La galería de LauraGiraldo en Flickr.
domingo 4 de marzo de 2012
lunes 2 de enero de 2012
Espacios y ausencias
Para Juan Ángel Q. Por su presencia, siempre.
Hace poco conocí una serie fotográfica titulada Ausencias de Gustavo Germano, en ella se retratan personajes invisibles, víctimas de la dictadura militar argentina. Consiste en que, a partir una imagen antigua, se recrea la misma imagen, ahora actual pero con un lugar vacío, un espacio vacío y ausente y, al mismo tiempo, con la fuerza de un alguien que, sin duda, está todavía presente; porque cuando se siente la ausencia de alguien, de algo es, tal vez, porque está más vivo y más cerca que nunca. (Esa inverosímil sensación de que la muerte es como la vida y viceversa). El siguiente es un ejemplo de aquella estremecedora muestra fotográfica:

Hay ocasiones en que, como dice el dicho, una imagen vale más que mil palabras. Hoy, dos imágenes valen más que muchas palabras, palabras que se han ido y han sido escuchadas por el aire, por el miedo y el silencio, esos espacios abstractos que se convierten, tarde o temprano, en la compañía y en los amantes de muchos o de todos.
Tal vez, las siguientes fotografías no tengan la profundidad y tenacidad de Germano en su trabajo artístico e investigativo, pero quizá logren ilustrar esa ausencia-presencia de la que hablo, ese sentir de cerca a un alguien que está lejos pero no está ausente, ese recuerdo inevitable de unos pocos buenos momentos y ese inexplicable y aplicable interés por volver a esos espacios que, una vez, estuvieron habitados por cuerpos y por palabras y que hoy los habita la ausencia, la lejanía, el recuerdo pero, nunca, el olvido:

domingo 12 de junio de 2011
Las dueñas de la calle
Son las mismas de todos los días y en cada cuadra, en cada casa, en cada puerta están ellas en pie. Vendiendo compañía y esbeltez. Vendiendo sus cuerpos. ¿Y sus almas?, tal vez ésas no estén a la venta.
Mañana, tarde y noche, en cualquier momento del día, ellas son las dueñas de la carrera Cundinamarca.
Las raíces de su vida están ahí, en aquella larga y agobiante calle, listas para ser arrancadas cuando la vida misma decida, cuando lleguen otras, más bellas, más putas, a convertirse en las nuevas dueñas de la calle, en las nuevas dueñas del placer.
Sus esperanzas, en cambio no mueren, pues ésas nadie, ni la más bella, ni la más puta, podrá arrancarlas. Esperanzas que se nutren con las ganas de un hombre insatisfecho, de un hombre infeliz; esperanzas que despiertan con la sonrisa de unos niños que aguardan solos, en su casa, por un padre, por un plato de comida, por una prenda para vestir, un juguete, un cuaderno o un libro para salvar a su mundo, a su realidad.
Esperanzas acompañadas de tristeza y de rencor, esperanzas que se duermen cuando va cayendo la noche, cuando esa calle, caótica en el día, va adormeciendo sus aceras; esperanzas que se duermen con el último hombre que disfrutó del placer vendido…las esperanzas de aquellas dueñas de la calle que duermen, pero no mueren, esperanzas que nunca mueren.
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